EL ACEITE DE OLIVA, UN SECTOR ESTRATÉGICO

De todo el aceite de oliva repartido por el mundo, España produce casi la mitad. Más concretamente la provincia de Jaén, conocida como la “Capital Mundial del Aceite de Oliva” por ser el lugar de mayor concentración de olivos y producción oleícola del mundo.

Actualmente son más de 1.300 los envasadores de aceite de oliva y más de 2.000 las marcas, algo que permite observar la repercusión en la economía del país de este sector. Es por esta repercusión que se cuida la comercialización total del producto, es decir, tanto el mercado interior como las exportaciones.

Durante el pasado año las escasas lluvias provocaron el descenso de la producción de aceite con respecto a la campaña anterior en un 38%, según informa el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA). A finales de año, la producción de aceite de oliva se cifraba durante los tres primeros meses en 547.200 toneladas, un retraso causado por la tardía recolección de las aceitunas debido a su proceso madurativo.

No obstante, las lluvias de los meses de octubre a diciembre, mejorando las previsiones de los expertos, hicieron que el fruto madurase y que el resultado fuese mejor de lo esperado.

En cuanto a las exportaciones, la media mensual de salidas durante el 2016 fue de 74.100 toneladas y se estima un total de 222.300 toneladas, lo que supone un aumento del 29%. En cuanto al mercado interior también se ha visto mermado respecto a la campaña anterior, situándose la cifra en 115.800 toneladas.

Refiriéndonos a la comparativa de precios en el mercado, un estudio realizado por Mercacei ha revelado que, en los establecimientos de Madrid, los precios de venta del Aceite Virgen Extra han fluctuado bastante a lo largo del año, siendo importante tener en consideración los diferentes formatos en los que el aceite está a la venta -ya sea en lata, botella o envase de cristal- además de los litros por envase. Al igual sucede con el aceite de oliva.

En sentido medioambiental, el cultivo de aceite -según datos del Comité Oleícola Internacional (COI)- contribuye a la reducción de emisiones de gases efecto invernadero, puesto que al tratarse de cultivo leñoso, resulta muy eficaz para capturar CO2 y almacenarlo como carbono en la materia orgánica. En este proceso, el aumento de carbono en el suelo permite la mejora de su biodiversidad biótica y así aumenta la capacidad de almacenar agua de las precipitaciones.


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